La exposición al humo puede provocar intoxicaciones, problemas respiratorios y oculares, quemaduras y secuelas psicológicas que requieren seguimiento a largo plazo
El aumento de la frecuencia y la intensidad de los grandes incendios forestales está convirtiendo estos episodios en un desafío sanitario cada vez más habitual. Un artículo publicado en la revista Actualización en Medicina de Familia (AMF), de la Sociedad Española de Medicina Familiar y Comunitaria (semFYC), advierte de que la Atención Primaria deberá prepararse para atender un mayor número de patologías relacionadas con el fuego, el humo y la exposición prolongada a situaciones de emergencia.
El trabajo, firmado por los médicos de familia José Luis Ramón Trapero, Lucas Matute Zigarán e Ibon Mendiolagaray Bilbao, señala que las altas temperaturas y las sequías prolongadas están favoreciendo la proliferación de incendios de grandes dimensiones, con consecuencias directas sobre la salud de la población y una mayor presión asistencial sobre los centros de salud y los hospitales.
Entre las complicaciones inmediatas destacan las intoxicaciones por inhalación de humo y monóxido de carbono, las lesiones de las vías respiratorias, las quemaduras y las afecciones oculares causadas por las cenizas y las partículas en suspensión. Los autores también prevén un aumento de las agudizaciones de enfermedades respiratorias crónicas, así como de cuadros de hiperreactividad bronquial y limitación persistente del flujo aéreo.
Uno de los principales mensajes del artículo es que una saturación de oxígeno aparentemente normal no permite descartar una intoxicación grave por monóxido de carbono. Por este motivo, los médicos deben valorar otros signos clínicos y determinar con rapidez qué pacientes necesitan tratamiento inmediato o una derivación hospitalaria urgente.
La presencia de hollín en la boca o la garganta, quemaduras en el vello nasal, esputo oscuro, alteraciones de la voz o dificultad para respirar puede indicar una lesión por inhalación de humo y requiere una actuación urgente. En el caso de las quemaduras, los especialistas recuerdan que la primera medida debe ser enfriar la zona con agua corriente durante unos veinte minutos, evitando remedios caseros.
El impacto de los incendios, sin embargo, no termina cuando se extinguen las llamas. Las personas afectadas pueden desarrollar semanas o meses después ansiedad, depresión, trastorno por estrés postraumático o secuelas respiratorias y neurológicas. Algunas intoxicaciones por monóxido de carbono pueden incluso ocasionar posteriormente problemas cognitivos, alteraciones de la marcha o cambios de comportamiento.
En este contexto, la Medicina Familiar y Comunitaria desempeña un papel esencial gracias a la continuidad asistencial y al conocimiento del entorno de cada paciente. Los centros de salud pueden detectar precozmente las secuelas, realizar controles evolutivos, adaptar los tratamientos y coordinar la atención con los servicios hospitalarios o de salud mental cuando resulte necesario.
Los autores también reivindican la función de la Atención Primaria en la prevención y la educación sanitaria, mediante la identificación de las personas especialmente vulnerables, la difusión de medidas de autoprotección y la participación en estrategias comunitarias frente a los efectos del cambio climático sobre la salud.



