Nació en agosto de 2025 sin ambos riñones y, tras un embarazo de extraordinaria complejidad y meses de cuidados intensivos, continúa evolucionando gracias a la diálisis, el soporte respiratorio y el seguimiento de los profesionales del Hospital Universitario La Paz.
La historia del pequeño Íñigo María Prieto es una de esas historias en las que medicina, investigación y esperanza se dan la mano. A sus once meses, este bebé de familia cordobesa continúa superando las enormes dificultades derivadas de una agenesia renal bilateral, una malformación congénita extremadamente infrecuente caracterizada por la ausencia de ambos riñones.
El diagnóstico llegó durante el embarazo de su madre, Diana. En una revisión realizada alrededor de la semana 20 de gestación, los médicos detectaron la ausencia de líquido amniótico y posteriormente confirmaron que el bebé no había desarrollado los riñones. La agenesia renal bilateral provoca una disminución extrema del líquido amniótico y puede comprometer gravemente el desarrollo pulmonar del feto, por lo que tradicionalmente presenta un pronóstico extremadamente desfavorable.
Ante el diagnóstico, la familia comenzó a buscar alternativas y el caso llegó hasta el Hospital Universitario La Paz de Madrid, donde los especialistas plantearon la posibilidad de realizar amnioinfusiones seriadas.
Mediante este procedimiento se introduce líquido en la cavidad amniótica durante el embarazo con el objetivo de favorecer, entre otros aspectos, el desarrollo pulmonar del bebé. Diana comenzó a recibir este tratamiento desde aproximadamente la semana 21 de gestación y, contra el pronóstico inicial, el embarazo pudo avanzar hasta la semana 38.
Íñigo nació el 21 de agosto de 2025 en La Paz y desde sus primeras horas de vida necesitó una atención médica extraordinariamente compleja. Durante estos meses ha requerido soporte respiratorio y tratamiento renal sustitutivo mediante diferentes modalidades de diálisis.
Su evolución ha estado marcada por numerosas complicaciones y largos periodos de hospitalización. Sin embargo, el pequeño ha ido superando etapas y recientemente pudo abandonar el hospital para continuar sus cuidados fuera del ámbito de ingreso.
Según explicó su propio padre este mes de julio, Íñigo recibió el alta domiciliaria al cumplir diez meses y permanece actualmente en Madrid, cerca del Hospital La Paz, donde continúa sometido a seguimiento médico. A sus once meses sigue necesitando oxígeno y diálisis mientras continúa creciendo y avanzando hacia el siguiente gran objetivo de su tratamiento: poder recibir en el futuro un trasplante renal.
La excepcionalidad de su supervivencia refleja la enorme complejidad de una patología que, sin cuidados intensivos especializados, resulta letal poco después del nacimiento.
Junto al extraordinario esfuerzo asistencial de los equipos de Medicina Fetal, Neonatología, Pediatría y Nefrología que han participado en el proceso, la familia destaca el acompañamiento recibido durante estos meses.
Sus padres han hablado públicamente tanto de su profundo agradecimiento a los profesionales sanitarios como de la importancia que su fe ha tenido para afrontar la incertidumbre desde el momento del diagnóstico.
Íñigo continúa ahora escribiendo una historia que todavía no tiene desenlace. Una historia extraordinaria que pone de manifiesto hasta dónde pueden llegar los avances médicos, el trabajo multidisciplinar y la atención especializada ante situaciones clínicas de enorme complejidad.
Desde el Real e Ilustre Colegio Oficial de Médicos de Sevilla queremos reconocer especialmente la labor de todos los profesionales sanitarios implicados en su atención y trasladar a Íñigo y a su familia nuestros mejores deseos en las próximas etapas de este difícil camino.



